Repensar la desigualdad

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Artículo publicado en el diario Información de Alicante y Levante, el domingo 24 de julio de 2016. (Pinchar aquí para ver enlace original)

El problema de la desigualdad que centra las preocupaciones de importantes organismos internacionales, agencias de desarrollo y universidades en todo el mundo en los últimos años no es ni mucho menos nuevo. Naciones Unidas, a través de su Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), viene realizando informes específicos sobre desigualdad en diferentes regiones, cambiando así su enfoque tradicional sobre la pobreza, al igual que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que han incorporando esta variable en sus trabajos económicos. Al mismo tiempo, algunos de los mejores académicos mundiales han publicado obras sobresalientes que llaman la atención sobre la importancia del fenómeno de la desigualdad, entre los que destacan autores como Piketty, Stiglitz, Krugman, Sachs, Atkinson, Sen, Wilkinson y Pickett. También en importantes universidades se han creado unidades de investigación aplicada dedicadas específicamente a los fenómenos de la pobreza y la desigualdad, como el “Laboratorio de acción contra la pobreza”, J-Pal, que dirige Esther Duflo en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que ha sido premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales.

En España, aunque con más modestia, también se viene trabajando sobre este problema, destacando los magníficos informes realizados por diferentes instituciones, entre los que sobresalen los elaborados por la Fundación Foessa para Cáritas desde hace años, junto al trabajo de académicos como Vicenç Navarro, Antón Costas, Víctor Renes o Joaquín Arriola. Recientemente, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, uno de los mayores think tank del pensamiento económico en España, se ha incorporado a este debate, promoviendo seminarios y estudios entre los que destaca el que ha publicado el profesor Luis Ayala, el mayor especialista en España en medición y cuantificación de la desigualdad, quien precisamente viene aportando sus investigaciones a los estudios publicados por Foessa desde hace años.

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Demasiada arrogancia

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Andan estos días los dirigentes de Podemos preguntándose qué ha ocurrido en las pasadas elecciones generales para no sacar los resultados que esperaban y que anunciaban unánimemente todos los sondeos electorales previos. Y para ello, han decidido encargar una encuesta con el propósito de saber por qué las encuestas han fracasado, algo que en sí mismo evidencia el grado de desconcierto en el que está sumida la cúpula de esta organización. Es lo que pasa cuando la borrachera de poder nubla la vista, pensando antes de las elecciones que ya eres uno de los ganadores con derecho a presidir gobiernos y repartir cargos.

Confundir la política con la estadística y la demoscopia, como están demostrando algunos dirigentes de esta formación, demuestra bien a las claras las limitaciones de un proyecto político cada vez más centralizado en un reducido grupo de líderes que han tratado de sustituir en demasiadas ocasiones la acción política por el oportunismo deliberado, al margen de unas bases y de unos círculos a los que solo acuden para refrendar sus decisiones o pedir la aclamación de sus líderes.

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El retrato social

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Los resultados electorales del pasado 26J han sido tan sorprendentes que no paramos de hacernos preguntas y buscar explicaciones. Hablando de ello con mi amigo J.L. Vieites tratábamos de interpretar un paisaje electoral tan complejo como inesperado. Por ello, Vieites ha escrito estas líneas, a modo de reflexión realizada desde una posición de claro compromiso político que no esconde, y que me ha pedido albergar en este Blog, algo que hago con agrado. Es evidente que el análisis da para mucho más y que puede analizarse críticamente, pero aporta reflexiones en un momento de tanta confusión.

Corre en ambientes profesionales de sociólogos y politólogos la idea de que las elecciones de Junio no dejan un retrato electoral, sino un retrato social. Aquí van algunas pinceladas para ese retrato, que tienen el mismo nivel de confianza que las encuestas, pero son más baratas.

Más de 7 millones de españoles se retrataron votando al PP, un importante grupo que identifica lo más casposo de la España que vota contra la Antiespaña, sin importarle la corrupción, el latrocinio ni las conspiraciones de los suyos. Un inquietante reflejo de los partidos fascistas que viven de la abyección moral y de la infamia, que odian a los desafectos al régimen y a sus ciudadanos traidores, y les roban sus símbolos. “Yo soy español, español, español….” un cántico robado a los traidores que debilitan al partido, y por tanto a la patria. Más llamativo es ese malsonante “sí se puede” de la calle Génova , que recuerda al chotis de aquel otro “hemos pasao decimos los facciosos” cantado por Madrid. Pues sí, cantados en la calle Génova la noche de la venganza son cánticos facciosos. Fin de la pincelada azul.

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Les llaman refugiados

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Las palabras sirven para comunicar, expresar, transmitir. Pero también se utilizan para dibujar sentimientos, arrojar desprecios e indiferencias, demostrar que somos humanos o carecemos de alma. A fuerza de utilizar determinadas palabras, acabamos por desgastarlas o por dañar por completo la belleza de su significado. Todo ello lo encontramos en la palabra refugiado, tan de moda en los últimos meses.

Naciones Unidas celebra el próximo 20 de junio el Día Mundial del Refugiado, con el que intenta llamar la atención sobre la dramática situación de millones de personas en todo el planeta que se ven forzadas a abandonar sus hogares y sus países para poder obtener protección y poner a salvo sus vidas y la de sus familias, buscando refugio en otros estados. Cada minuto, ocho personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror, teniendo que elegir con frecuencia entre el horror que viven y la posibilidad de morir, embarcándose en un trágico éxodo, sometidos a todo tipo de abusos y condiciones extremas, perdiendo sus derechos y su condición humana para ser tratados con frecuencia como presos, confinados en recintos parecidos a campos de concentración contemporáneos. Podríamos pensar que los refugiados han obtenido refugio y protección, tal y como indica su nombre, mientras que por el contrario, en la mayoría de las ocasiones, el refugiado es lo más parecido a un paria contemporáneo que lucha por sobrevivir y a quien se le niega hasta su categoría de persona.

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Maldita pobreza

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Mientras se levanta a las nueve, como todas las mañanas, Antonio escucha en la radio cifras y porcentajes que no acaba de entender bien intentando informar de algo que conoce perfectamente porque lleva años viviéndolo en primera persona: de la maldita pobreza. Y es que los datos nunca serán capaces de expresar todo el dolor, la inmensa rabia y el profundo sufrimiento de quienes llevan años malviviendo y sobreviviendo en medio de esta devastación humana que comenzó con eso que hemos llamado crisis financiera, pero que en realidad escondía una codicia, especulación y corrupción desmedidas. Y tras asearse con agua fría para no gastar butano, Antonio se prepara un desayuno también frío con la leche y las galletas que recogió hace unos días en la parroquia del barrio, junto a algunas legumbres, azúcar, aceite y unos paquetes de macarrones. Hace tiempo que decidió que el agua caliente fuera para su mujer, que tiene que madrugar más que él para limpiar oficinas y poder traer los 550 euros que todos los meses entran en casa y con los que hacen milagros, porque con su trabajo nunca se puede saber por adelantado el dinero que consigue para malvivir.

A pesar de esa maldita pobreza en la que vive desde hace años, Antonio se comprometió a no perder en el camino ni un gramo de dignidad y, aunque fue de los primeros albañiles despedidos en su obra allá por 2009 y todavía no ha conseguido encontrar un miserable empleo en toda la ciudad, decidió trabajar a diario haciendo un horario estricto que le lleva a estar a las diez de la mañana en la calle, con su furgoneta destartalada descendiendo por la avenida de Alcoy para bajar por la Rambla y tras bordear el Postiguet dirigirse hacia la Albufereta y el Cabo. Pronto comprendió que allí es donde puede obtener algo más de dinero, siempre que tenga suerte, claro, porque el gasoil de la furgoneta hay que pagarlo y hay días en los que apenas da para ello. Pero por vieja y abollada que esté su vieja Citroen, le permite meter en ella más cosas y ahorrar así en viajes, algo que ya les gustaría poder hacer a otros muchos amigos que se dedican a lo mismo, pero que apenas disponen de un carrito de la compra, una bici o un cochecito de bebé adaptado para llevar cachivaches dentro.

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Tras la catástrofe

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Tragedias como la que vive Ecuador no son nuevas. Con cierta rutina, nos hemos acostumbrado a terremotos e inundaciones, ciclones y tsunamis, hambrunas, huracanes y todo tipo de catástrofes, si bien en los últimos años su intensidad y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y en decenas de países permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el territorio que lo sufre. Éste es un matemático axioma que funciona con precisión geométrica a la hora de llevarse por delante la vida de personas y dañar regiones enteras, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados cuyo resultado genera lo que podríamos llamar catástrofes de clase.

Efectivamente, cada catástrofe es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, así como de su grado de desarrollo, pero particularmente de las condiciones de vida de los más desposeídos. Y ello coloca a los pobres ante un caprichoso privilegio, uno de los pocos que tendrán a lo largo de sus desdichadas existencias: el ser víctimas predilectas de estos siniestros, protagonistas privilegiados de cada catástrofe.

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Algunas cosas que no se dicen sobre la crisis de los refugiados

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La responsabilidad de Turquía. Desde que comenzó la guerra en Siria, el Gobierno turco ha tenido un papel más que cuestionable en el conflicto, apoyando militarmente al Estado Islámico, atacando a aquellos grupos que podían poner en riesgo las posiciones del Daesh y aprovechando para bombardear a los kurdos que estaban combatiendo sobre el terreno contra las tropas de ISIS. Existen pruebas de que el Gobierno de Ankara ha estado implicado en la venta del petróleo con el que se financiaba el Estado Islámico, participando incluso familiares del presidente Erdoğan. Si bien es innegable que Turquía es uno de los países que mayor número de refugiados sirios acoge, cerca de dos millones, también los utiliza como elemento de presión política y estratégica en la región y frente a Europa.

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El fracaso de los microcréditos

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Desde que en los años 80 se pusieron en marcha, los microcréditos han sido uno de los instrumentos más conocidos y publicitados en los programas de ayuda al desarrollo en todo el mundo. Prácticamente no hay país, agencia de cooperación u ONG sin su particular programa de microcréditos, hasta el punto de convertirse en uno de los iconos de las políticas de solidaridad. Sin embargo, existe un desmoronamiento  global de los microcréditos debido a un buen número de acontecimientos que han evidenciado su fragilidad instrumental, sus elevados riesgos hacia los solicitantes, así como muchos de sus peligros como instrumento de la ayuda al desarrollo, algo poco conocido en España.

Todo ello se acompaña de una amplia batería de evaluaciones, libros e investigaciones que con sólidas evidencias empíricas coinciden en demostrar numerosos problemas en el funcionamiento de las microfinanzas e incluso el carácter fraudulento en algunos de los programas llevados a cabo, así como en algunas instituciones que han venido trabajando en su gestión, algo muy alejado de las aparentes bondades y virtudes que se difunden sobre los microcréditos.

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De refugiados y atuneros

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El deliberado abandono que la UE hace sobre la situación de los refugiados en su territorio y el sistemático incumplimiento de acuerdos, convenios y tratados internacionales han acelerado el proceso de descomposición del proyecto europeo que en la actualidad vivimos. Actuar de forma tan negligente ante un problema humanitario de tal envergadura ha convertido una crisis de refugiados en una crisis del proyecto político de la UE, entendido como un espacio común de libertad, solidaridad, justicia y respeto a los derechos humanos. Todo ello es lo que está saltando por los aires frente a la visión egoísta e irresponsable de los gobiernos e instituciones europeas.

Artículo publicado en el diario Informacion de Alicante, el domingo 28 de febrero de 2016 (Pinchar aquí para ver enlace original)

​Si el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, explicaba en su discurso sobre el estado de la UE del pasado año que la crisis de asilo y refugio era la prioridad más urgente y trascendental que tenía Europa, tenemos que concluir que estamos ante uno de los mayores fracasos deliberados desde que ésta existe. Basta decir que a estas alturas, de los exiguos 160.000 refugiados que los países europeos se comprometieron a reubicar solemnemente el pasado mes de septiembre, únicamente se han realojado a 272 de ellos, es decir, el 0,1%.

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Emergencia social

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En pocas cosas hay tanta unanimidad, entre los partidos políticos que aspiran a formar nuevo gobierno, como en la necesidad de poner en marcha un ambicioso plan de emergencia social. Indicadores estadísticos europeos y nacionales coinciden en destacar una y otra vez los elevados niveles de pobreza, desigualdad y exclusión social que se han alcanzado en España, colocándonos en los primeros puestos entre los países de la UE, abriendo así una brecha social que no para de avanzar y cuyos efectos tardarán años en desaparecer. El problema es que el tiempo que se necesita para generar cambios económicos y sociales de envergadura que transformen esta situación no coincide con las necesidades vitales y personales más urgentes de miles de familias, que no pueden esperar más para que se solucionen auténticos dramas humanos contemporáneos de proporciones devastadores para quienes lo sufren. De ahí la importancia de comprender correctamente la situación de emergencia social en la que nos encontramos y realizar así un adecuado diagnóstico.

Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 7 de febrero de 2016 (Pinchar aquí para ver enlace original)

​Muchos de los síntomas de ese devastador proceso vivido son bien conocidos, en forma de destrucción de puestos de trabajo y desempleo masivo, con la expulsión de amplios sectores de jóvenes y profesionales al extranjero, mientras numerosas familias sin recursos han perdido su casa con los cerca de medio millón de desahucios ejecutados desde el inicio de la crisis, al tiempo que cada vez más personas no pueden pagar incluso sus tratamientos médicos y satisfacer sus necesidades más básicas, hasta el punto de tener que recurrir a comedores sociales y bancos de alimentos en proporciones nunca antes vistas desde la posguerra, con miles de niños en situación de pobreza y vulnerabilidad ante la imposibilidad de sus padres hasta de poder pagar los comedores escolares, con hogares incapaces de hacer frente a los recibos de consumos básicos de agua, electricidad o gas.

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