Ya se ha inaugurado solemnemente Casa Mediterráneo en Alicante, tras cuatro años de trabajos, aunque mejor sería decir que ya se ha inaugurado el Pabellón de Ferias y Festejos Publicitarios de la Estación de Benalúa, en Alicante; porque tras el anuncio de su directora de que cederán la restaurada Estación de Benalúa para bodas, bautizos y exhibiciones de artículos de lujo, mucho me temo que este fallido invento llamado Casa Mediterráneo acabará reducido a la irrelevancia, cuando no al esperpento.
El naufragio de la cooperación descentralizada: lecciones ante la crisis
Hace pocos días tuvo lugar en Valencia unas jornadas de trabajo, “La cooperación descentralizada local: retos ante el contexto de crisis”, organizadas por el Fons Valencià per la Solidaritat, y en las que tuve la oportunidad de realizar la ponencia marco. Fue una buena oportunidad para explicar en público algunas de las investigaciones que vengo realizando sobre el impacto de la crisis en las políticas de cooperación al desarrollo. En mi opinión, los efectos de la crisis sobre las políticas de cooperación no se limitan a sus recortes presupuestarios, aun siendo éstos de una gran repercusión, sino que afectan a procesos morfológicos y metabólicos de un enorme calado, haciendo que estas transformaciones no sean ni mucho menos coyunturales ni pasajeras, sino estructurales y de un gran profundidad. Es algo que podemos ver con claridad en la cooperación descentralizada realizada en España desde ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones, que habiendo sido un modelo mundial, avanza como barco a la deriva sin saber bien hacia dónde.
Otro abuso bancario sin regulación: el cobro de comisiones por donaciones a ONG ante catástrofes
Cuando se produce una nueva catástrofe humanitaria caigo en la cuenta de que se produce un nuevo incumplimiento del Gobierno en la eliminación de un abuso más de los bancos; en este caso, del abuso que supone el cobro de importantes comisiones que vienen aplicando a todos aquellos que en los últimos años han tratado de aportar su generosidad y colaboración hacia las víctimas de tantos desastres como se han venido produciendo, mediante aportaciones a ONG.
Desde la matanza de los Grandes Lagos en 1994, hasta ahora, siempre que se ha producido una tragedia humanitaria se ha pedido la solidaridad de la población a través de aportaciones económicas a las ONG. Así sucedió con motivo del Huracán Mitch en 1998, el tsunami del sudeste asiático en 2004 y el terremoto de Haití de 2010, entre otros. Algún día hablaremos de la filosofía, los mensajes, el empleo y la rendición de cuentas de todo ese dinero recaudado a lo largo de tantos años con motivo de tanto sufrimiento y destrucción. Pero lo que hoy nos ocupa es otro tema bien distinto, relacionado con los abusos que los bancos han venido cometiendo con estas transferencias humanitarias.
El terremoto de Haití y la comprensión estructural de las catástrofes humanitarias
Se cumplen tres años del devastador terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010, pudiendo afirmarse que éste ha desaparecido de las agendas de los medios, gobiernos y agencias de desarrollo, hasta el punto que tras la conferencia de donantes de Nueva York del 31 de marzo de 2010 y las promesas que allí se anunciaron, la población afectada sigue viviendo en condiciones dramáticas, siendo muy escasos los compromisos de ayuda y reconstrucción que se han hecho realidad. Ante la retórica habitual exenta de propuestas prácticas y compromisos concretos, parece oportuno reflexionar sobre algunas de las claves estructurales de esta catástrofe desde una visión amplia, para tratar de comprender mejor estas y otras catástrofes humanitarias.
Catástrofes de clase
Tragedias como la de Haití no son nuevas. Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo de catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase.
Productividad y delincuencia
El dominio de la economía sobre la política y la sociedad ha generado una construcción ideológica invadida por conceptos económicos que, como un ropaje, envuelven los discursos, las decisiones y declaraciones que habitualmente escuchamos. No importa si se desconocen sus perfiles o significados precisos. Lo importante es justificar cualquier decisión con conceptos como competitividad, productividad o eficiencia, llegando a pervertirlos hasta extremos grotescos.
Entrevista en NONADA
Marido por horas

Decir que la crisis está generando cambios de una profundidad inusitada en el conjunto de la sociedad, es una obviedad. Otra cosa es tener capacidad para valorar la dimensión de esas transformaciones y en qué medida todos nosotros estamos respondiendo a estos cambios. Pero basta con salir a la calle para hacer lo que llamo «sociología de la vida cotidiana», y percibir muchas de esas mutaciones y adaptaciones, en ocasiones forzadas por los acontecimientos de la misma forma que Darwin explicó la evolución de las especies; y en otras como reacción natural a los avances socioeconómicos y productivos.
Sin embargo, dos son los grandes temas que monopolizan los contenidos en los medios de comunicación: la economía y la dimensión social de las políticas de recortes y ajustes, junto al ascenso de la caridad, la beneficencia y el asistencialismo como respuesta nada inocente a todo este huracán neoliberal. Como magistralmente recogió Berlanga en su deliciosa película «Plácido», en el año 1961, lo que ahora se lleva es sentar a un pobre en la mesa por Navidad para descargar nuestra conciencia y con ello, no cuestionar las causas de la pobreza sino alimentar a estas víctimas de tanta barbarie política. Si en los medios se diera la misma importancia a quienes cuestionan, reflexionan y protestan contra estas políticas tan devastadoras, en lugar de sacar paquetes de arroz, roperos, tómbolas, galas benéficas, recogidas de juguetes y comedores de pobres, seguramente hubiéramos avanzado más en dar respuestas políticas y sociales a este desafío procedente de un capitalismo enfermo cuyas consecuencias se miden ya en despidos, desahucios, suicidios, enfermos sin atención, ancianos desatendidos, niños mal alimentados o consumo de antidepresivos, por poner algunos ejemplos tangibles.
El debate inacabado de las ONG

A raíz de un post que colgué hace meses, “ONG en crisis y crisis de las ONG”, se generaron comentarios de diferente naturaleza, pero algunos de ellos de una destacada relevancia. Cada comentario tiene mi agradecimiento expreso, surgiendo de personas con experiencia y trayectoria contrastada.
Este post, que partía de una columna mía en la Cadena Ser, apuntaba de forma telegráfica algunas dinámicas muy relevantes que actualmente se están dando y que pasan desapercibidas en la sociedad, pero que exigirían mucho más espacio y profundidad de lo que refleja el comentario. No se puede decir que no haya dedicado tiempo y esfuerzo a analizar de una manera singular el fenómeno de las ONG en las sociedades contemporáneas, una línea de investigación vigorosa a la que he dedicado años de estudio, que concluyó con mi Tesis Doctoral y que ha cristalizado en numerosos libros, estudios, artículos y ponencias universitarias, alimentando numerosos trabajos de forma continuada. Por ello, las ideas contenidas en el post tienen que entenderse como reflexiones breves y contundentes, que en otros medios he tenido la oportunidad de analizar y profundizar.
Pero la riqueza de los comentarios que este post ha alimentado me plantea la posibilidad de destacarlos, especialmente dos de ellos, para poder contraponer dos visiones complementarias sobre un debate inacabado que seguirá generando otras muchas reflexiones en este Weblog.
Explorando razones de las victorias del PP en la Comunidad Valenciana

Desde hace tiempo, son muchos los que se preguntan las razones y causas por las que el Partido Popular ha venido obteniendo, e incluso avanzando, en sus victorias electorales en la Comunidad Valenciana, a pesar de una corrupción incuestionable entre sus dirigentes, una gestión negligente y un progresivo desmantelamiento de servicios públicos esenciales.
Siendo un tema sumamente complejo y amplio, quiero explorar algunas de esas razones nada sencillas de comprender, dando respuesta a algunas preguntas que suelo escuchar con frecuencia.
¿Qué tres factores explicarían la hegemonía conservadora en la Comunidad Valenciana en los últimos 20 años?
En mi opinión, estos factores habrían sido, en primer lugar, el éxito del PP como partido capaz de aglutinar a toda la derecha ideológica, económica, cultural y social en una maquinaria política muy eficaz que ha utilizado las instituciones públicas a su servicio con un discurso victimista y de enfrentamiento extremadamente clientelar, pervirtiendo el sistema democrático. En segundo lugar, el progresivo desmoronamiento del PSPV como alternativa política creíble y articulada, manteniendo una creciente pérdida de crédito, de presencia social y careciendo de un relato ideológico coherente con las profundas transformaciones que se han venido generando en la sociedad valenciana. Y por último, los cambios económicos y sociales de un extraordinario calado que se han producido sobre la sociedad valenciana junto a las políticas que se han llevado a cabo, habiendo generado un metabolismo social cada vez más enfermo, cada vez más despolitizado, cada vez más precario y anestesiado en el que la izquierda no ha hecho los deberes de explicar el presente y repensar el futuro.
Una de chinos
En los últimos días se ha hablado mucho de chinos. Una espectacular operación policial sobre una red de ciudadanos chinos y algunos españoles, acusada entre otros muchos delitos de blanqueo de capitales por importe superior a los 1.200 millones de euros, nos ha dejado boquiabiertos. El desfile de carritos de supermercado repletos de dinero, los montones de fajos de billetes, encontrados en los lugares más recónditos por la Policía, ha añadido, si cabe, mayor expectación sobre unos hechos que han tenido una dimensión mundial, al haberse emitido 110 órdenes de arresto además de en España, en otros ocho países. Y por si todo ello fuera poco, los responsables de esta trama son conocidos oligarcas chinos que se codeaban con las más altas autoridades chinas y españolas, llegando a vender obras de arte a la responsable del IVAM valenciano, mujer de un exconseller y actual diputado del grupo popular valenciano, Rafael Blasco, imputado por numerosos delitos relacionados con la corrupción en las ayudas al desarrollo de la cooperación valenciana.
Pero no nos engañemos, sobre los chinos existen en España tantas leyendas urbanas como desconocimiento, algo que ha sido alimentado por ser la comunidad extranjera más hermética, más desconocida y menos integrada en nuestra sociedad de todas las nacionalidades que viven entre nosotros.





